¿Qué te mueve?
Esto no va de coaching de Instagram.
¿Qué te mueve?
Tiene que haber algo que te impulse; de lo contrario, solo dejas que te arrastre la vida, la sociedad, las modas.
Creo que esta es la típica pregunta que te puede incomodar (al menos a mí me incomoda) en medio de una tarde de piscina o en el angustioso insomnio de una noche de verano. Y no se trata de divagar (deambular por pensamientos sin rumbo fijo) sobre el significado de la vida; hoy traigo algo más concreto: ¿qué persigues en tu vida? Y la pregunta que le sigue es aún más aterradora: ¿vives coherentemente con la meta que pretendes? Porque, y esto es común, puede que los medios que ponemos día a día no correspondan con la meta que pretendemos. No vivir acorde al fin de cada uno es un poco de histeria.
Quiero pensar que todo el mundo tiene claro para qué vive, ¿no? Lo contrario lo considero casi absurdo, más cercano al existir de un animal que al de un ser racional. Otra cosa son las metas que tenga cada uno; las habrá más trascendentales y más banales. Libertad ante todo.
Un aviso antes de seguir:
ATENCIÓN. He dudado mucho en escribir este post, porque trata de un tema íntimo como es la religión. No me gustaría que lo interpretases como dogmático; no lo pretendo. No pretendo convencerte de nada. Yo solo expongo una serie de ideas; tú adáptalas, razónalas, mastícalas, rumíalas o haz lo que quieras.
Seguimos.
En mi caso particularísimo, tengo claro (todo lo claro que se puede tener algo que dependa de la fe) que lo que me mueve, lo que le da sentido a mi vida, mi meta, es Dios. Y esto me pone las cosas fáciles (a veces), dado que se trata de un camino que ya han transitado muchos antes, y eso me da un mapa genérico que solo tengo que adaptar a mi caso. El tema de tener por meta a Dios en esta vida, hoy en día, es un acto como poco controvertido. Si pensar es un acto punky, ser cristiano roza el anarquismo (en cuanto a antisistema se refiere). En primer lugar, se trata de profesar una verdad; esto choca con el relativismo popular. Digo esto de popular porque es un relativismo que ni tiene fundamento ni conoce lo que dice; es más bien una moda que un discurrir en la mayoría de los casos. Luego hay excepciones.
Pero no he venido a hablar de eso.
El tema es el de la coherencia. Y en mi caso, aun sabiendo la meta, me doy cuenta de que muchos días los paso sin vivir acorde a ella. Pero la diferencia (entre el que tiene un fin y el que no) está en que, aun errando el rumbo de vez en cuando, todo es rectificable. El problema es cuando no tienes un puerto de destino. En ese caso, tampoco sabrás recalcular el rumbo.
Luego también está la altura de la meta, es decir, metas más vitales te darán un rumbo más estable a lo largo de los años. Metas más mundanas como fama o dinero implican volatilidad de rumbo y cambio constante de los medios.
Una aclaración: seguro que tú (ávido e intrépido lector) ya te has dado cuenta; la meta es la felicidad. Que en mi caso la identifico con Dios; en el tuyo tú sabrás. No vivo solo esperando un más allá (que también), vivo ya ahora encontrando el sentido de mi alegría, de mi dolor, de mi esfuerzo en Dios. Es decir, la felicidad no tiene que buscarse solo al final de la vida; la felicidad consiste también en el recorrido que nos acerca a la meta. Y si no es así tu meta, si no te hace feliz perseguirla, es probable que no sea una meta y sea simplemente un escalón.
Vivimos en la sociedad que bate todos los récords en cuanto a atención psicológica, medicación para los nervios, ventas de libros de autoayuda, niveles más altos de ansiedad… Creo que una parte de esos números tan altos se debe a que muchos no logran dar con el fin de su vida, con su objetivo. Y la época moderna no contribuye para nada, porque lo que se oferta son bienes y placeres temporales, no un programa a largo plazo, a plazo vital. Ante todo eso, es necesario un fin, un objetivo alto, que te impulse a levantarte los días buenos y los malos. El que te dé la gana, pero que sea algo más que llegar a fin de mes o de conseguir el coche de tus sueños.
Dicho todo esto, me voy a dormir la siesta.
Que los temas trascendentales junto con el calor me dan sueño.
Y las siestas de verano, de esas que te levantas desorientado. Son las mejores del año.



Quitando la parte en que sentencias que la meta en la vida es la felicidad, buen artículo mi estimado.